El Señor Jesús describió su misión con las siguientes palabras: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido" (Lc l9:l0), y esta breve declaración incluye tanto su obra completa en la cruz (Jn 19:30) como su obra aún inconclusa en el mundo (Hch 1:1). Mientras que la tarea de salvar a los perdidos es una empresa divina fundamentada en su obra terminada en la cruz, hay aspectos en el trabajo de buscar a las almas que fueron encomendados a sus seguidores, y que son parte de su obra incompleta en el mundo. El trabajo de buscar a los pecadores así como el salvarlos es en realidad una tarea divina. La Biblia dice que el Hijo del Hombre vino a buscar. De igual manera Jesús es presentado en la parábola de la oveja perdida: “Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso" (Lc 15:5). Es la bondad de Dios la que "guía al arrepentimiento," y todo el esfuerzo en encontrar a los perdidos no es sino "el poder de Dios para salvación"; porque ningún esfuerzo o servicio humano puede ser efectivo sin el poder de Dios. El buscar va más allá de la simple empresa de localizar a los inconversos ya que ellos están por todas partes. La expresión "buscando a los perdidos", por lo tanto, sugiere una preparación divina en los no salvos que los ponga a tono con las condiciones necesarias para salvación. Como podrá verse en el curso de estos estudios, hay aspectos sucesivos de la búsqueda divina de los perdidos que se trazan en las Escrituras y cada fase de esa labor es emprendida y terminada por Dios el Espíritu Santo. Reconocer estos movimientos divinos y estar dispuesto a cooperar con ellos humildemente, es la verdadera base en la obra de salvar almas.